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La labor del cronista

 

Durante la entrevista en la radio, descrita en el cuerpo principal de la crónica del 25 de agosto de 2014, se habló acerca de diversas crónicas. Una de las que se "desmenuzaron" fue la que sigue:

RH — Don Alfonso, veo en su última crónica, del pasado 18 de agosto, que cumplió usted un año como Cronista Vitalicio del Municipio de Tlapacoyan y diez y siete meses como cronista. ¿Cómo ha resultado ser su labor?

AD — Magnífica, porque me ha dado la oportunidad de comunicarme con mi pueblo y a lo largo de todo este tiempo publicar investigaciones que tenía yo guardadas, o que han surgido a base de testimonios, o de acontecimientos importantes para la población.

RH — ¿Y qué respuesta ha tenido?

AD — De lo mejor. He escrito acerca de muchos temas y algunos podríamos calificarlos de candentes. Cuando ha sido éste el caso, se me han acercado muchos lectores de toda la región a felicitarme, a manifestarme su apoyo; en Código Diez, donde también se publican las crónicas, tengo más de treinta mil lectores y las cartas que me llegan son muchas, a veces no me alcanza el tiempo para contestarlas de inmediato...

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Poesías inolvidables

A mi hijo

Rudyard Kipling

Hijo mío:

 

Si quieres amarme,

bien puedes hacerlo,

tu cariño es oro

que nunca desdeño;

mas quiero que sepas que nada me debes,

soy ahora el padre,

tengo los deberes.

 

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* Crónicas de Tlapacoyan por fechas* Crónicas por alfabeto (en proceso de construcción) * Crónicas en el periódico (PDF)

Historias de fantasmas

El 15 de febrero de 1869, por decreto número 142, se concedió a Tlapacoyan el título de Heróica, cuando todavía no era ni siquiera considerada Villa, dado que esta categoría se le dio el 2 de julio de 1881, por decreto número 57, firmado por el gobernador del estado de Veracruz , Apolinar Castillo. Fechado en Orizaba, el decreto dice así: Se concede el título de Villa al Heróico pueblo de Tlapacoyan, del Cantón de Jalacingo.

Entre los meses de enero y abril del mismo año de 1869, se instalaron las primeras lámparas públicas de gas. El financiamiento se logró a base de donativos y el costo total de la obra fue de $208.34.

No fue sino hasta más de sesenta años después, en la década de los 1930s, cuando Aurelio Núñez Arroyo y Amador Torres se asociaron para constituir una empresa que se llamó Luz y Fuerza Núñez y Torres, que construyó y operó la planta hidroeléctrica de Atzintla, primera planta de luz de Tlapacoyan.

Antes de 1869, las casas se alumbraban con velas de parafina y/o con candiles de petróleo. Pero las calles permanecían oscuras cuando llegaba la noche.

Sin luz, era fácil adjudicarle a cualquier silueta la categoría de fantasma. Fue así como surgieron el hombre que caminaba sin cabeza, el perro que echaba lumbre por la boca, los duendes, el fraile que volaba... Hasta mediados del siglo veinte era común escuchar este tipo de historias en la mayor parte de los hogares.

La mayoría de los buscadores de tesoros, hasta ya avanzado el siglo pasado, afirmaban que donde había oro o alhajas enterrados con seguridad había un fantasma cuidándolo y para lograr sacar ese "entierro" había que rezarle al que lo cuidaba para que no les fuera a hacer nada.

Publiqué en una crónica anterior quiénes y cómo habían intentado desenterrar tesoros en Tlapacoyan. Historias reales. Como siempre sucede a este cronista, tras tal publicación se me acercaron algunos lectores para contarme otras historias verdaderas de tesoros desenterrados. Pero no ocuparán este espacio tales historias, por ahora; lo llenarán las fantásticas, las que fueron originadas debido a la poca información de que se disponía en épocas pasadas (por no llamarle ignorancia). Fueron historias que formaron parte de la idiosincracia de nuestro pueblo y en consecuencia se agrupan para darle cuerpo a una cultura que, aunque parezca increíble, persiste hasta nuestros días.

Recordemos que las grandes obras maestras de nuestra literatura universal, las novelas más bellas, los cuentos más bonitos, son producto de la fantasía. La mayor parte de estos relatos fueron creados por quienes las escribieron sin tomar la realidad como punto de partida. He comentado ya que Ian Fleming, el autor de las novelas sobre James Bond, decía que "Sólo se vive dos veces, una en la realidad y otra en los sueños". Acompáñenme entonces a soñar con estas historias de fantasmas.

Drribaron el kiosko y pusieron en su lugar la estatua de Ferrer, en el centro del parque

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Personajes

Alfonso Diez

 

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